Marcela Coronado trabajó dieciocho años como enfermera del Geriátrico Padre Lamónaca. En entrevista exclusiva relata sus vivencias dentro del hogar en esos años. Brinda detalles clave sobre algunos hechos mediáticos ocurridos en el geriátrico, y otros que no salieron a la luz de los medios.

Fotografía tomada de Google Maps

En los últimos años, el geriátrico ha sido cuestionado por dar lugar a irregularidades, muchas de las cuales parecieron haber quedado en la nada.

Marcela es de esas pocas enfermeras que deciden no usar el uniforme porque siente que la aleja del paciente. Para ella “los viejos”, a quienes se refiere de forma cariñosa, son parte muy importante de su vida. Sus años de experiencia la vuelven una gran conocedora de la historia reciente del hogar, de lo bueno y lo malo en él.

-Mucha gente cree que los geriátricos públicos en Argentina se vinieron abajo ¿Cuál es tu experiencia al haber trabajado tanto tiempo en uno?

Cuando fui al geriátrico por primera vez me quería morir. Las estructuras eran viejas, muy antiguas, los viejos eran muy viejos, los empleados eran viejos. Entonces, sí, fue como medio caótico… medio deprimente al principio. Pero porque claro, yo venía de otro contexto [de trabajar en el Hospital de Urgencias] en donde había otro tipo de movimiento. Si yo me pongo a pensar, bueno, este es un geriátrico con muchas particularidades, uno de los más grandes de Córdoba y bueno, el único que es público. Entonces, la forma de organización creo que debería mejorarse. Sigue habiendo cosas muy pesadas desde la historia, desde su estructura y desde una cuestión también política que hace que siga teniendo esa organización. Yo sigo pensando hoy, desde lejos, que es algo medio caótico.

-¿Qué pensás sobre la creencia popular de que en estos hogares públicos suelen ingresar personas apartadas de la sociedad?

-Hay que estar ahí para vivirlo. Bueno, nosotros hemos acompañado a morir viejos re malandrines, viejos que asesinaron a gente, viejos pedófilos. Ellos quedan completamente excluidos de la sociedad.

En su forma de expresarse sobre su trabajo, Marcela resaltó que: “La enfermería dentro de un geriátrico es el corazón, los pulmones y los riñones de la institución”. También afirmó que por ello no debería ser menospreciado el trabajo del personal. Aunque, en toda institución hay un talón de Aquiles, algo que termina ensuciando la labor de los buenos trabajadores.

-Hay información pública sobre una vicedirectora que trabajó en el geriátrico, acusada de pedirle dinero a un anciano de allí, ¿sabés algo sobre este tema?

-Sí María Belén Botasso. Siniestra, les pidió plata a los viejos, un crédito a un viejo. En este momento, esta gestión, es un desastre el hogar… no, y después, Botasso hacía otras cuestiones sexuales ahí con los viejos.

– ¿Qué cuestiones?, ¿Qué hacía?

-Dijeron algunos ancianos que tenía sexo por dinero. Han pasado cosas feas en el hogar, muy feas. Una vez un anciano desapareció, era jugador de fútbol. Bueno, por cuestiones de la familia, se fue quedando solito. Lo institucionalizaron, y estaba medio perdido. ¡Qué viejito divino! Era tan bueno, tan bueno. Y bueno… se perdió. Se hizo la denuncia de que se había perdido, y pasó como una semana o una cosa así, y lo encontraron muerto debajo de unas chapas ahí en el hogar. Entonces vos decís: ¿qué pasó que el cuerpo estaba así?, ¿dónde estuvo tanto tiempo?, ¿no tiene investigación? Eso es una cosa grave. Fue en la gestión de Giacomino. En ese momento también teníamos un director que era psiquiatra re loco, perverso, un tipo perverso. No hemos tenido buenos directores, hemos tenido muy pocos directores que realmente se pusieron la camiseta del hogar.

– Siguiendo sobre esto, hay datos que generaron controversia en la población sobre supuestas denuncias por maltratos en el hogar ocurridos hace algunos años, ¿escuchaste o leíste algo sobre ello?

-Y lo que ha salido en la prensa tiene que ver mucho con cuestiones políticas. Cada vez que quieren bajar a alguien, buscan algo. Y así se terminan transgiversando las cosas, porque… yo te voy a decir una cosa, un anciano vos lo podés cambiar 20 veces. Pero si se saca los pañales porque tiene algún tipo de trastorno, por más que vos lo cambies, ¿qué le vas a atar las manos? ¿Vos vas a andar detrás cuando tenés 30 viejos que cuidar en una tarde? Es una locura. Porque no hay un enfermero por cada anciano. No existe eso. Pueden decir, sí, “el viejo está todo golpeado por el personal”, qué sé yo, pero… Los viejos se caen también. Que no es que yo quiera justificar. Yo digo que hay situaciones muy armadas, ¿me entendés? Porque hay algunos empleados que son los más jodidos, y cuando ellos se organizan, hacen daño.

-Si tuvieras que describir tu forma de trabajar como enfermera en este hogar, ¿cómo lo harías?

-Con el viejo yo me llevo muy bien. Con todos los viejos yo me llevo muy bien. Yo trabajo sin uniforme, porque para mí el uniforme, aleja. Para mí el uniforme no es una representación de humanización. Salvo en casos requeridos por una cuestión de bioseguridad obvio. Yo creo en cuidar así. Y sobre eso no me voy a mover. Yo hago mi labor, pero siempre le pongo mi touch.